El tonto
Alfonso Herrera Lastra
Un momento de Reflexión.

Un grupo de personas solían divertirse con un hombre al que todos llamaban “el tonto de la aldea”. Este era un hombre que diariamente caminaba por las calles del pueblo pidiendo algunas monedas para comer algún bocado de pan. Diariamente algunas personas llamaban al “tonto” al bar donde se reunían y entre bromas y gritos le ofrecían escoger entre dos monedas: Una de $ 100 pesos y la otra de una denominación menor, de $ 10 pesos. --‐¿Cuál prefieres? Le decían entre risas burlonas sabiendo de antemano la respuesta. Sin expresar palabra alguna elegía la moneda de $ 10.00 y los hombres de aquel lugar estallaban en risas y gritos…¡No puede ser! Exclamaban el uno al otro.
Cierto día uno de los miembros de aquel “club” le llamó aparte y le preguntó si no había percibido que la moneda que él siempre escogía era de menor valor y que en cambio la que despreciaba valía mucho más. – Lo sé, no soy tan bobo como ustedes siempre han pensado. La moneda que escojo vale diez veces menos, pero sé que el día que escoja la otra moneda…el jueguito se acabará y yo no voy a ganar más mi moneda. Podemos sacar algunas conclusiones de esta pequeña historia. 1). Quien parece tonto, no siempre lo es. 2). Los verdaderos tontos quizá sean otros. 3). La ambición puede acabar con la fuente de ingresos. “El mayor placer de un hombre inteligente, es parentar ser tonto delante de un tonto que aparenta ser inteligente”. Pero la conclusión que deseo llamar la atención es esta: Una percepción de que podemos estar bien, aún cuando los que nos rodean no la perciban de la misma manera. Quizá argumentemos que no debe importar lo que piensan los demás de nosotros, posiblemente si, pero lo que realmente importa es lo que realmente somos. Alguien dijo que debemos preocuparnos por la percepción que los demás tengan de nosotros a menos que estemos dispuestos a reflejar lo contrario. La Biblia declara lo siguiente: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” Jeremías 17:9 (RV.60). En la vida camina un sinfín de personas que creen ser inteligente, porque según su percepción son hábiles en engañar, estafar o timar y por supuesto las victimas son unos verdaderos tontos. También aquellos que según “su filosofía” viven la vida al máximo haciendo gala de derroche en todos los sentidos y al final cuando la factura de la vida viene, el dolor y la tristeza también. Hoy quiero animarle a vivir la vida con inteligencia y sabiduría. Cuando nos damos cuenta los años nos están rebasando y estos desgraciadamente no perdonan. Moisés, escribió una oración que se encuentra en el Salmo 90 de las Escrituras, ¿me permite citarlo?: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” Salmo 90:12 (RV.60)


